Por: Lucía Medina Suárez del Real

La primera vez que vi a José Antonio Meade en persona, lo acompañaba el gobernador Alejandro Tello Cristerna, y un séquito de personas enfundados en chalecos verdes.

Oficialmente el evento decía ser un Congreso Nacional de la Confe­deración Nacional Campesina (CNC), pero se trataba de una pasarela política con todos los precandidatos no oficiales del Partido Revolucionario Institucional y sus aliados. 

La disputa por la cargada entre Aurelio Nuño, José Narro, el propio Meade y Osorio Chong estaba en su apogeo.

La imagen que se me grabó del señor Meade, entonces gris secretario de Hacienda, es realmente pristina: le abrían paso a codazos en medio del tumulto de chalecos verdes mientras un modesto hombre vestido de pants azul y oro sostenía una carpeta tratando de llegar hasta él para pedirle apoyo por la crisis financiera de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ).

"Autobuses

Se trataba del rector Antonio Guzmán Fernández, que se quedó con la carpeta en la mano esperando un milagroso pitazo que le avisara porque rumbo andaría el señor Meade para intentar hablar con él. 

La esperanza de una salida de fondo para la UAZ quedaba muy lejos de la algarabía colorida que tomaba selfies con el que pintaba para ser el elegido.

La segunda vez que lo vi, no fue muy diferente.

Llegué al Centro Platero antes de las 11 de la mañana, pero el lugar era inaccesible para vehículos. Con una tolerancia inusitada, y pese a las obras que se realizan en la zona en estos días, los oficiales de tránsito recomendaban estacionarse a las orillas de la Calzada Solidaridad, o en las colonias privadas adyacentes.

No había forma siquiera de acercar el auto para que los pasajeros bajaran. No me lo permitió a mí, ni a otras cuatro compañeras reporteras que iban conmigo, y según me dijo orgulloso el oficial, tampoco se lo había permitido a un diputado.

Le creí porque apenas empecé a caminar, vi pasar a Jannet Garay Medina -funcionaria de SEDESOL- en la parte de atrás de una motocicleta, aprovechando un raid que gestionó con otro reportero.

Apenas llegar a la puerta, recordé al rector. Un montón de periodistas de medios locales importantes esperaban molestos tras una valla sin poder creer que no los dejarían pasar como amenazaban los organizadores.

Por fin fue posible, pero el amontonamiento apenas dio chance de llegar al llamado “corralito” para la prensa.

"Hojas

La sensación era asfixiante, la frialdad lúgubre del lugar, quedaba aturdida por la guerra de porras entre ‘antorchos’ contra CNOPistas por demostrar cuál tenía más gente, o cuando menos a la más gritona, mientras una chillante voz en el micrófono animaba la retahíla sin dar tregua.

Fue prácticamente hasta las 12 del día que pudo saberse que Mead llegaba al lugar con un amplio dispositivo de seguridad.

Más duró la espera que su voz en el micrófono. En 15 minutos agradeció a los presentes, elogió los gobiernos priistas, defendió la Ley de Seguridad Interior, se lanzó contra López Obrador y explotó la nostalgia provinciana zacatecana. 

Al igual que en los spots con que se promociona, recurrió a sus antepasados para generar algo de identificación en un público que no ubica con facilidad su rostro y no puede pronunciar ni escribir bien su apellido.

Contó que sus abuelos tuvieron un cine en Zacatecas llamado el Cine Azul, que su familia se asentó en Jerez luego de llegar de llegar de Líbano, y le rascó a la historia hasta lograr que le gritaran paisano.

Luego, dijo que Zacatecas había comenzado a combatir el desempleo y la inseguridad a partir del 2012, que Zacatecas había aprendido entonces a SUMAR, y ya casi como propina se acordó de Alejandro Tello y mencionó que éste había conservado el rumbo.

Tentó luego con los cargos de elección. Dijo a los jóvenes que un tercio de las candidaturas estarían al alcance de los menores de 30. Y para el género femenino dijo que “las mujeres que ganan elecciones son las del PRI”, pues aseguró que a ese partido pertenecen 6 de cada 10 féminas que logran triunfar en una votación.

Un discurso breve y general. Sin diagnóstico claro ni propuestas concretas. Elogios al PRI en boca de quien se ganó la candidatura por no ser priista (oficial).

Una interrogante gigante de un intelecto que ha elogiado el gobernador, porque no se sabe si no existe, o está oculto en la perezosa indiferencia de quién le ha bastado el compadrazgo para llegar a donde está.

Al término del evento reporteros y camarógrafos buscaban colocarse en el sitio estratégico para “agarrarlo”. Nadie les explicaba, nadie los atendía.

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Lo intentaron detrás de una rendija en la que se amontonaron confiando en quedar en su camino, y así fue, pero el precandidato pasó y se negó a responder preguntas o siquiera detenerse. Sonó entonces de entre los micrófonos un grito: “viva Andrés Manuel” y otro secundó: “AMLO 2018”. Un agudo comentó “¿y así quiere que lo conozcan?”.

Resignados, caminamos pues rumbo a la salida, comparando la actitud de la seguridad del precandidato con la del jefe de Estado; haciendo chascarrillos sobre los efectos de la visita de doña Juana en la economía local.

Por fin lo vimos salir en la camioneta GMC 4×4 con placas de Zacatecas que conducía el propio Meade acompañado de don José Bonilla.

El tumulto lo hizo detenerse y responder desde el vehículo a cuestionamientos de la prensa. Luego tuvo que bajarse por el grito ensayado de medio centenar de CNOPistas que buscaban una foto con el precandidato.

Se bajó de la camioneta, se tomó algunas fotografías, y respondió algunas preguntas de la prensa con los mismos lugares comunes del discurso, hasta que alguien lo salvó con un ya tradicional “gracias muchachos esto es todo” y un empujón que pegó en Cuquis de Canal 9.

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Otras cuantas fotografías más, y luego subió presuroso a la camioneta que condujo escoltado por otros cuatro vehículos con personal de seguridad.

La imagen del rector plantado con su carpeta amarilla no pudo borrarse de mi mente. El distante secretario es también distante precandidato.